EL NORTE ES UNA QUIMERA
28 agosto, 2017
EL NORTE ES UNA QUIMERA
– Predicar con el Ejemplo –
Venezuela vive una época bien convulsa, con una crisis que nos recuerda que siempre se puede estar peor. Esta crisis viene acompañada de una nueva realidad que nos hace descubrir cómo los nuevos tiempos también traen nuevas estrategias. Vemos la relevancia que tienen las redes sociales y las tecnologías para sacar de las tinieblas todos los abusos de poder y denunciar casi en tiempo real esos actos delictivos. Pero también sirven para correr como la pólvora mil y una noticias falsas o para que cualquier hijo de vecino lance su teoría conspiratoria basada en su «infalible» instinto humano.
Una de las figuras que más podemos identificar en internet es el de los bien llamados «guerreros del teclado», personajes que desde la comodidad de su hogar se dedican a solucionar los problemas del planeta, obviamente siempre desde su óptica. Hay mil y una variantes de estos guerreros pero a mi especialmente me enferman aquellos que son capaces de hablar de la realidad de otros países y nunca han puesto un pie en ellos.
Si extrapolamos a la música el poder de las nuevas tecnologías descubrimos un montón de ventajas y desventajas que han reconfigurado el negocio y el movimiento cultural, algo que sucede cíclicamente cada cierto tiempo. Desde que hay redes sociales el contacto entre público y bandas se ha estrechado tanto que los medios de comunicación tradicionales (léase revistas, programas de radio, etc.) han perdido de forma bestial el protagonismo. Ahora cualquiera puede darle al botón de «me gusta» en el perfil de una banda y estar al día de todas las novedades tanto musicales como de marujeo de esta agrupación. Incluso puedes mantener una interacción más personal con los integrantes de las bandas, llegando a creer que son panitas y todo porque en algún momento de esa interacción «X» o «Y» integrante le dio “like” a un comentario tuyo.
Visto el panorama ¿para qué carajo entonces nos sirve un programa de radio o una revista? ¿Tiene algún sentido seguir trabajando para sacar adelante un podcast o un fanzine? Bueno, el asunto depende del enfoque que le quieras dar al trabajo a realizar. Anteriormente un programa de radio o una revista basaba su elaboración en puntos básicos como noticias, novedades y entrevistas y hoy por hoy las dos primeras las tienes de la mano prácticamente al momento de su salida a través de las redes sociales. Bajo mi criterio, a los medios tradicionales lo que les queda es ofrecer algo que la inmediatez de las redes no puede dar y eso es profundidad en los contenidos. Para mí eso significa investigación, documentación y análisis del tema, momento, época (o lo que sea) que se haya elegido para desarrollar en el programa.

Ese trabajo, hermanos, es tremenda ladilla si se hace sin un mínimo de pasión y es infinitamente más laborioso que cualquier programa de corte habitual y esto lo digo por experiencia. Sin embargo, yo tengo la idea de que cuando ofreces un contenido diferente e interesante siempre habrá una masa crítica, un nicho, al cual tu producto le interesará. Es por la idea de estar aportando algo diferente a la escena y por la satisfacción de saber que otras personas comparten tus mismas apetencias que uno continúa en la brecha de forma altruista, en mi caso haciendo «Freak Station», en el caso de Franklin con su «Malditos Hippies de Mierda» y en el caso de Osmar con “Cerebros Exprimidos”.
Sin embargo esta teoría choca frontalmente con la actual conducta del consumidor, sumido más que nunca en una superficialidad supina en cuanto a lo musical se refiere, con un desinterés hacia cualquier nuevo descubrimiento y con la consabida suficiencia que da el creer que sabes más que una empanada de caraotas y queso rallado.
Lo más indignante (lo que más me da diarrea mental) es escuchar a muchos músicos decir que la escena está muerta, que nadie apoya a sus bandas y de alguna forma verlos exigir que acudan a sus conciertos e irónicamente a ellos nunca los ves en los conciertos de otras agrupaciones. Igual se la pasan lamentándose y quejándose que los medios tradicionales no les dan apoyo pero tristemente no son capaces ni de compartir un programa underground o una review que les hacen en una web poco conocida. Y esto lo digo porque como bien dice el dicho «de esa cabuya tengo un rollo».
Y en este punto se me envenena el alma y me inunda la desmotivación. No puedo evitar pensar que es una tristeza que podcasts como «Malditos Hippies de Mierda» mueran de inanición porque el interés del público se limita a darle a un me gusta en el facebook. Y ya ni voy a hablar de «Freak Station» ya que su situación no difiere mucho de lo comentado anteriormente. Todo esto lo que me lleva a pensar es que la estrategia está equivocada, que en estos tiempos de hoy el aportar algo diferente no es sinónimo de nada y que si quieres perdurar en la mente del público te va tocar ofrecer lo mismo que todo el mundo. Lo próximo que haré en Freak Station será una serie de 10 especiales sobre Iron Maiden y Metallica y le recomendaré a Franklin Zambrano que para sus Malditos Hippies ponga algo de Rainbow que eso gusta más que cualquier vaina stoner o blues que saca de las catacumbas.
A los músicos que son «guerreros del teclado», que solo van a sus conciertos y se defecan en el underground con su conducta, les recomiendo que monten una banda de versiones, a lo mejor así alguien les para bola y yo me evito perder el tiempo dándole un apoyo que no se merecen (aparte de tener que rogarles para que te envíen un mínimo de información). Aquí es donde podemos decir que hay que predicar con el ejemplo. Si no apoyas a nadie no esperes que te apoyen a ti. Si no muestras un mínimo de interés en lo que aportan las nuevas generaciones no digas que la escena está muerta. En pocas palabras: si normalmente todo te importa una mierda no te lamentes si después es a ti a quien mandan a comer mierda. Algunos dirían que es justicia poética.
Autor: Manuel Losada
Prensa Cerebros Exprimidos





