FELIZ VIAJE CAPPY DONZELLA
3 marzo, 2018
FELIZ VIAJE CAPPY DONZELLA
Un irreverente a carta cabal, figura del movimiento contracultural de la Venezuela de los 60. De una desfachatez tal que se le vio en Caracas conducir un auto descapotable vestido de astronauta, y hasta durmió en un ataúd.
«En los años en que transcurría el primer mandato de Caldera (a finales de los 60 comienzos de los 70) la Guardia Nacional se encargaba de la profilaxis del género masculino de la contracultura. A veces emboscaban a cualquier desprevenido de insolente con pinta «rara». Al propio tiempo, le obligaban a escupir, pues si el transgresor había fumado “yerba” le era imposible segregar saliva suficiente. Luego del escarmiento, legalidad de por medio, la Guardia se desentendía del asunto. La mayoría de las veces, las víctimas eran jóvenes militantes del movimiento hippie. Y aunque la categoría no es excluyente, otros muchos de los condenados eran locutores de radio…. (adivinen quienes).
Una figura pública que se dejase ver con el cabello largo era una verdadera irreverencia. También la vestimenta y ciertos giros verbales provocaban el estupor de los adultos y de los organismos de seguridad, mientras la misma facha fascinaba a un extenso sector de jóvenes que volcaban su idolatría hacia los locutores. Era la época en que por primera vez una tribu de rebeldes nacionales era liderada por chamanes propios, quienes tenían espacios radiales por escenario de ceremonias. No pudo ser de otro modo. La rebeldía terminó por identificarse más con la radio que con cualquier otro medio. En el cine las películas más emblemáticas del momento aparecieron muy tardíamente en salas y la televisión no transmitía programas juveniles.
La radio era la única que difundía el mensaje de los artífices de la contracultura. Sin proponérselo, el Cappy fue la figura paradigmática de la irreverencia en aquel entonces.
El «Cappy» formaba parte de una generación de locutores que insurgió contra el mundo desde las consolas de Radio Capital. Junto a él, Napoleón Bravo, Alfredo Escalante, Plácido Garrido e Iván Loscher lideraron, con estilo desenfadado y propuestas de informalidad, una irreverencia comprometida con el sueño de una sociedad utópica. La alucinante música de The Doors, Rolling Stones, The Beatles, Bob Dylan, vehiculaba una suerte de metalenguaje que sólo era comprendido por la rebeldía del momento.
Cappy condujo también el espacio “Skorpio”, un trampolín hacia una música progresiva, y Underground. Junto a Napoleón Bravo, y realizó uno de los primeros programas que rompieron esquemas, llamado “Escuchen a este par de imbéciles las tonterías que dicen”. Fracturó tantos esquemas que sólo salió al aire dos veces. La música era de avanzada y sobre todo anarquista y contraria a lo que tradicionalmente difundían las emisoras, tal como el álbum “La madre de la invención”, de Frank Zappa, y hasta música dodecafónica.» Con el tiempo Cappy tomó otro rumbo, también a contrapelo de las modas de entonces:
“En los 70 yo comencé a irreverenciar la radio que había hecho. Cuando yo no me había establecido dentro de un formato musical todo el mundo comenzó a hacer rock y a seguir esa corriente. Entonces comenzó a interesarme la música tradicional. Yo comencé a hacer contacto con la realidad ubicándome en el país donde nací, con su panorama y sus aspectos culturales. Mientras más se oponían, más irreverente me ponía”, explicó Cappy. “La música anglosajona fue irreverente en su propio medio y aquí simplemente fue una moda. Nada más.»
Hoy corre por allí la noticia de su ascensión a otro plano. Si es así, seguramente estará junto a su hermano Alfredo. Dos locos consumados ahora eternos. Feliz Viaje Cappy.
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